C21 BCN Nigromante – Capítulo 33

 

Y morirme contigo si te matas

y matarme contigo si te mueres

porque el amor cuando no muere mata

porque amores que matan nunca mueren.

Joaquín Sabina

Dejo el coche en el parquin, subo a casa y me encuentro a Alex en la cocina preparando magdalenas rellenas de bombón cherry.

─Buona sera, Cara –Se limpia las manos y viene al pasillo a saludarme.

─Buona sera, Caro –Sonrío al verle bien.

─Ven aquí y bésame, my princess rebotona –Se pega a mí y rodea mi cintura.

─¿Rebotona yo? –pregunto confundida respondiendo al pico húmedo y delicioso que me da.

─Anoche no quisiste dormir conmigo, ¿no? –me dice entrecerrando sus ojos.

─Sí, pero ¿qué tiene eso que ver con ser rebotona?

─¿Por qué lo hiciste?

─Ya te lo dije. Yo madrugaba y tú estabas durmiendo como un tronco esta mañana, que lo sepas –contesto con tono de sabionda.

─¿Por qué lo hiciste? –insiste clavándome esos bellos estanques verdes que tiene por ojos en mi ojo izquierdo que es un pozo del mismo color.

─ También porque no quería correr el riesgo de despertarme sin ti a mi lado, ¿contento? –lo confieso porque es una expectativa que no sé cuándo podré eliminar y será mejor que lo sepa hasta que yo pueda controlarla.

─Pues eso, ¡rebotona! –me da otro pico perturbador y me acompaña a mi habitación–. Ya te dije que no volvería a pasar, pero tú…ahí…todavía enfadadita y desconfiada.

─No estoy enfada contigo, Alex –le digo dejando el libro, mi bolso y mi maleta encima de la cama.

─¿A no? –pregunta ladeando su cabeza y entrecerrando su ojo derecho.

─ –Abro la maleta, la vuelco y la dejo abierta en el suelo.

─Estás empezando a acojonarme –me dice enfadándose–. ¿No me vas a gritar por no llamarte con lo de mi padre?

─No –le contesto volviendo a poner el neceser de viaje en la maleta–. Nacho ya me dijo que no querías romper mis planes. Fue tu decisión y yo la respeto –continúo metiendo el libro “Amante Renacido” en el bolso de mano del avión que seguiré leyéndolo en el avión de vuelta a Nueva York.

─¿Qué coño te pasa, Zohe?

Sé que debo decirle algo que justifique mi actitud de ayer, pero no quiero contarle que llegué al sepelio, ni lo que vi, ni la crisis que sufrí ni la decepción que me llevé por saber que no me avisó por poder estar con Ione. Lo de Alex ya está superado y no tiene sentido hablar de ello.

─He acabado con Dennis definitivamente –le doy el libro que él me ha regalado–. Y he decidido tomarme las cosas de otra manera.

Mi respuesta sirve a Alex para entender mis rarezas de ayer, y a mí me permite desahogarme y recuperar la normalidad en nuestra relación. Le cuento con todo lujo de detalles, menos lo de su telepatía y algunos cambios necesarios, el increíble fin de semana desde su aparición sorpresa en el piso del Greenwich Village, pasando por Finlandia y la caprichosa aurora boreal, que aparecía cuando quería, cómo quería y permanecía el tiempo que le daba la gana, hasta que acabo con la despedida de hoy.

─¡Jooder, Cara! Qué pasada –exclama Alex tumbado en mi cama.

─Sí. Una pasada, pero muy jodida –respondo dejando en el suelo otra maleta abierta porque la primera la he ido haciendo a medida que hablábamos–. Por mucho que te explique, no puedes imaginar el dolor que sentía cada vez que hablaba de su alma gemela.

─No creo que a él le hiciera mucha gracia cuando le hablaste de mí –me dice con una sonrisa que ocupa toda la habitación.

─Pásame el libro, por favor. ¿Por qué no le iba a hacer gracia?

Alex recupera el libro de Dennis que había dejado en la otra punta de la cama, cuando yo he empezado con mi cuento/pesadilla antes de navidad, y abre la portada antes de dármelo.

─”Para ver el Uno en el Todo, vive la vida con la mente lúcida y el corazón abierto” –Alex lee la dedicatoria en voz alta–. ¡Guaaau! Este tío te quiere, Cara. Bueno, no, este tío te ama. Te ama con locura, Cara.

─Le duele amarme, Caro.

─Pero te ama, ¿no?

─Sí, pero le duele.

─El amor duele, Cara. A ti también te duele, ¿no?

─A mí no me duele amarle, Caro. A mí me duele que le duela. Y más que doler, me mata.

─Pues lamento decirte que no se puede escapar al amor, my princess.

─¿Cómo tú con tu “coleta buenorro”?

─¡Nada que ver, Cara! –Abre sus ojos como platos–. Pero me gusta. Me gusta y me pone mucho –confiesa con una sonrisa juguetona–. Y a ti también te pone mucho –lo remata llevando sus ojos al techo–. ¡Qué morbazo te dio el culo de Klaus! ¿eh?

─Bfff ¡Qué vicio! ¡Y qué gozada con el cinturón! –Me pongo tontorrona con solo pensarlo.

─Con el cinturón no lo sé…ya te lo diré cuando lo uses conmigo –su mirada lasciva me provoca.

─No me provoques, my prince. Que las ganas que tengo de probarlo contigo no son pocas –recojo la ropa sucia de encima de la cama y salgo de la habitación.

─¡Estoy viviendo con una monstrua insaciable sesuaaal! –grita Alex al techo como si estuviese diciéndoselo al vecino de arriba mientras me sigue.

─¡Nooo! ¡No es verdaaad! –grito yo de camino a la lavadora–. Estás muy equivocado –le digo esperando a que me abra la puerta de la galería–, te iba a decir que tengo ganas, peeero… necesito mis fuerzas para las reuniones de mañana y cumplir con mi agenda. Pasado mañana es el gran día, Caro.

Cenamos comentando con más detalle los momentazos “culo Klaus a medias” y “estreno cinturón doble polla”, y nos ponemos al día de nuestros planes. Alex trabajará jueves y viernes en el caso Nigromante haciendo lo suyo y lo de Nacho, que estará pendiente de su familia y en los juzgados. El sábado por la mañana se sumará con ellos para, si se cumplen las previsiones, escuchar la sentencia y celebrarlo todos juntos el sábado por la noche. El domingo, más o menos a la misma hora que yo, volarán a San Sebastián a pasar las fiestas. Será el primer año, después de muchos, que tendrán un pleno familiar y los padres de Nacho, que ya están viejitos y adoran a Alex, están que no caben de felicidad. Luego, se concentrará únicamente en estudiar a tope para aprobar el examen final del 14 de enero y, por fin, sacarse el grado de Criminología.

El móvil de Alex pita, lo mira y es un WhatsApp de Klaus, que está en una cena de negocios, con la confirmación de que será un catalán los próximos doce meses. Con una sonrisa tontorrona, Alex le felicita de parte de los dos y le dice que tendrá que aprender catalán, pero que no se preocupe porque él se lo enseña encantado.

Aprovecho el momento para plantearle la posibilidad de alquilarle la habitación de invitados. A los dos nos ayudaría económicamente, pero sobre todo a mí. Cuando acabe con el evento del viernes y lo celebremos el sábado, me iré a Nueva York a pasar las fiestas y a trabajar allí por lo menos tres meses.

De entrada, tengo dos clientes, pero, seguramente, después de la primera presentación del 29 de diciembre surja algún otro. En todo caso, me quedaré allí hasta acabar con la presentación del 16 de febrero y me iría de perlas ahorrarme el alquiler de Barcelona para costearme el que firmaré en Nueva York.

La boca de Alex me dice que no lo descarta, pero tiene que pensarlo, y sus ojos me dejan claro que será lo primero que le diga cuando le vea. Con una sonrisa cómplice de “sabes que lo sé” y de “te quiero” le doy las buenas noches y me voy a dormir a mi habitación que mañana empieza el esprint de la semana.

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