C21 BCN Nigromante – Capítulo 2

El taxi me deja delante de casa, subo, dejo la maleta en mi habitación y, como el sexo con Dennis me abre el estómago como si fuera la boca de una Anaconda con un hambre que da calambre, voy directa a asaltar la nevera. La abro y me entran unas tremendas ganas de abrazar a Alex y comérmelo a besos cuando veo la olla de Escudella que me ha dejado preparada y me está diciendo a gritos “cómeme”.

Me pongo un platazo de los que solo se pueden comer sola o con alguien de mucha confianza y, haciendo malabarismos para no mancharlo todo, lo meto en el microondas. Mientras se calienta, aprovecho para enviar un whatsapp a mi hermana y llamar a mi madre para enterarme de si han llegado al balneario:

  • Diamantito, ¿estáis de camino?
  • ¡Esto es precioso, hija! Si no tuvieses tanto trabajo, te podrías venir.
  • ¿Ya habéis llegado?
  • Sí. Rosa ya tenía su maleta preparada, me ha hecho la mía en un momento y esto está a menos de dos horas de Barcelona. ¿Los chicos no han llegado todavía?
  • ¡Estarán al caer! –exclamo sorprendida al mirar la hora– No te preocupes. Tú descansa, relájate, deja que te cuiden y disfruta lo que puedas del regalo.
  • Vale hija.
  • Dale un beso a Rosa de mi parte.
  • Un beso de mi Zohe –oigo que le dice a Rosa y ella le contesta que otro para mí– otro para ti.
  • Diamantito, pregúntale a Rosa si ya le ha llegado el libro de firmas de su madre y si ha leído mi condolencia.
  • Sí, ya se lo enviaron y dice que la tuya le hizo llorar –responde después de preguntárselo copiando la contestación de Rosa.
  • ¿Recuerda si había un símbolo de un dragón en lacre rojo en la última página donde la escribí?

Mi madre se lo pregunta, le añade la descripción del sello que tanto le gustó cuando lo vimos en el libro de Antonio y Rosa le contesta.

  • No hija, dice que después de tu condolencia no había nada más.
  • Vale, nada, era curiosidad. Lo dicho, disfrutad del regalo y nos vemos el jueves.
  • Sí hijita. Tú descansa y mañana ponte guapa para la cena con Nacho.
  • Vaaaale mamá pero no te metas.
  • Tú hazme caso, hija, que hombres como él hay pocos, y los pocos que hay están casados. Te quiero hijita.
  • Yo también te quiero diamantito.

Justo cuando cuelgo suena el piiiiiii del microondas y disfruto como una cerda del banquete. Cualquiera que me viese ahora mismo pensaría que he vuelto de una zona sitiada, sin recursos ni víveres. La comida de Alex siempre es deliciosa pero tras siete días sin degustarla me sabe exquisita. Durante la comilona pienso en mi madre y lo rara que se estará sintiendo en un SPA con una amiga y sin Lucía. Todo lo hacían juntas. En contadas ocasiones, siempre por causas de fuerza mayor, habían hecho cosas por separado. Aunque sé que mi madre es una mujer fuerte que ha superado grandes pérdidas en su vida, también sé que es de las de “la procesión va por dentro” y mi hermana y yo estaremos muy pendientes de ella.

Como el proceso del duelo lo empezó hace dos días y queremos controlar que la inevitable crisis de soledad que le vendrá no le dure más de doce semanas, que es lo máximo que hemos averiguado se considera normal, hemos decidido que la llevaremos a Nueva York con la excusa de pasar las navidades. No descartamos que si, como imaginamos, se vuelca en sus nietos, pueda acceder a vivir allí una temporadita.

¿Y ahora con quién voy a compartir mi pasión por la lectura? ¿Quién contestará las preguntas de historia cuando juguemos al trivial? ¿Quién traerá el postre? ¿A quién acudiré si necesito consejo sobre qué comprar de regalo de reyes a mi madre? ¿De qué manera llenaremos el vacío de Lucía en la mesa?

La tristeza que siento en el fondo del pecho lleva consigo un sentimiento de rabia y de alivio.

¿Cómo no nos dimos cuenta?  ¿Si Lucía me hubiese dicho lo que pensaba hacer, se lo habría impedido? ¿Tenemos derecho a acabar con nuestra vida por voluntad propia sin pensar en los demás ni en el lugar que ocupamos en la sociedad?

Es tanto lo que he comido que antes de acabarme el plato estoy que voy a reventar. La falta de sueño en el avión, la descompensación horaria y el pesado proceso digestivo al que mi cuerpo se ve sometido, me restan fuerzas hasta de los ojos y mis párpados pesan como bolas de bolos.

Con una extraña sensación, mezcla de tristeza y felicidad, voy al comedor a paso de tortuga, pongo el cd de Lluís Llach y me quedo dormida sin apenas darme cuenta.

No sé el tiempo que ha pasado pero el sonido de la puerta y la discusión que están manteniendo Alex y Nacho antes de entrar a casa me desvela. En el tanatorio, ya había notado algo raro entre ellos y decido hacerme la dormida, para enterarme de lo que hablan.

  • Hemos de darle algo a Torres antes de que lleguen a Zeta y la incluyan en algún informe. Ella nos puede ayudar, Ferrer –oigo que le dice Nacho a Alex, con un tono que intenta ser conciliador, entrando en el recibidor.
  • ¡No Castro! Hagamos nuestro trabajo y punto. ¡No te entiendo! ¡qué pronto has cambiado de opinión! ¿no eras tú el que le pedía hace quince días, en esta cocina, que no se involucrara? –las voces moderadas se paran por el pasillo.
  • ¡Sí Ferrer! Pero eso fue antes de saber todo lo que sé ahora y lo que sospecho. Y sabes que si hubiese otra alternativa, por pequeña que fuese, no estaríamos discutiendo. Ya te he dicho que lo llevan intentando desde hace mucho tiempo y nadie, en ningún país, ha conseguido ser admitido.
  • ¿Lo ves? Ya te he dicho que estaría frita en el sofá –les oigo ya casi hablando en susurros dentro del comedor– Por favor Castro, déjate de paranoias. Si de alguna manera llegasen a Zohe, cosa que dudo si tú y yo no la mencionamos, bastaría con que le dijeras a Torres que ya se lo habías planteado y que Zohe lo rechazó.
  • Primero, como tu superior, haré oídos sordos a lo que me acabas de pedir. Segundo, en ese caso, Zeta ya constaría en los archivos o como mínimo en un informe oficial y si no me equivoco estaría en peligro. Y por último, será ella la que decidirá si nos quiere ayudar o no ¿desde cuando decides tú por ella?
  • Hoy no, Castro. Ahora la meteré en la cama y seguro que dormirá hasta mañana temprano. Deja que aterrice.
  • No quiero que la influencies, Ferrer –Nacho le contesta y es el único que se sienta en la punta más alejada del sofá.
  • Como mi superior, que tienes los días contados, yo no puedo decirte lo que puedes o no puedes hacer. Al igual que tú a mí como compañero de Zohe no me puedes decir lo que puedo o no puedo decirle.
  • Prométeme que lo hablaremos con ella los dos juntos. No le digas nada antes de que yo se lo explique.
  • Eso no puedo prometértelo, pero podrás decirle lo que quieras durante vuestra cena de mañana. ¿Vendrás cuando salgamos de ruso?
  • Sí, la iré a buscar y hablaremos con ella mientras tomamos algo.
  • Pues no se hable más –oigo pasos alejándose y el sonido de la puerta del apartamento abriéndose– nos vemos mañana, Castro.

¡Menuda tirantez hay entre los dos! ¿Alex le está echando de casa?

El aire es tan denso que se podría cortar con un cuchillo. El sonido del sofá y los pasos de Nacho alejándose en silencio y yendo hacia la puerta me dejan tan impresionada que no estoy segura de si abrir los ojos aunque Alex ya haya cerrado la puerta.

  • Ya puedes abrir los ojos, Cara –me dice Alex entrando de nuevo en el comedor.
  • ¿Te habías dado cuenta? –abro los ojos, me incorporo un poco apoyándome en el respaldo.
  • ¡Pues claro! En cuanto te he visto. –viene sonriendo al sofá y se quita los zapatos– Cuando duermes respiras de otra manera – continua sentándose detrás de mí, estirándome entre sus piernas, apoyando mi espalda en su abdomen como respaldo, abrazándome y besándome en la cabeza.
  • ¿Insinúas que ronco? –le pregunto dándome la vuelta para tenerlo de cara y poder apoyar mi barbilla en el calor de su pecho que tanto he echado en falta.
  • No, tú solo roncas cuando estás resfriada, my princess –besa mi coronilla y acaricia mi espalda– ¿Qué te ha pasado en el labio?
  • Luego te lo cuento. Qué mal rollo que traíais, Caro. No me gusta veros así. –me subo un poco más para ponerme a su altura– Nacho es tu mejor amigo.
  • Tranquila, no llegará la sangre al río. Aunque si algo nos puede unir o separar eres tú –me da un pico, de los descubiertos entre nosotros en el salón oscuro del C21, que me pone la piel de gallina.
  • ¿De qué iba todo eso, Alex? –me pongo de lado, apoyando mi cabeza en una mano, la otra sobre su abdomen y mi pierna sobre las suyas para evitar la tentación de seguir con más picos.
  • Castro ha embogit y quiere que seas su confidente usando a Dennis –ladea su cabeza y con una mano acaricia mi pierna.
  • ¿Y dónde estaría el problema? –¡guau! podría seguir viéndome con él.
  • ¿Me lo preguntas en serio? –se pone de lado mirándome de frente y taladrándome con ojos tensos.
  • Sí. – contesto tranquila– ya te dije que Dennis es Yago y no es el Yasha del caso Nigromante. Y si te lo puedo demostrar mejor que mejor –le peino sus cejas con el pulgar de la mano que tengo libre.
  • Para empezar, Castro se cree un poli de homicidios de serie americana tipo “el mentalista” viendo conspiraciones por todo el mundo y no es una investigación oficial. –me coge la mano para separarla de sus cejas porque le estaba gustando mucho y perdía el hilo de lo que quería decir– Segundo, si su instinto fuera cierto sería un caso de tal magnitud que sobrepasaría sus competencias y podría incluso acabar con nuestras carreras profesionales.
  • Y tercero y más importante, bajo ningún concepto, estoy dispuesto a poner tu vida en peligro involucrándote en una investigación al líder de una secta satánica que actúa en medio mundo. Esto no es una peli de Hollywood, ni un libro de Stephen King. Esto es la vida real donde los que mueren somos nosotros, Zohe.
  • ¿Dennis líder de una secta satánica que actúa en medio mundo? ¿Pero estáis los dos locos? –exclamo estupefacta soltando su mano ante tal barbaridad– A ver, Nacho no conoce a Dennis y sé que es buenísimo montándose películas –los polvos que pegábamos cuando se hacía pasar por espía, policía, ladrón o loco del sexo me lo dejaron claro– pero tú…tú has estado con nosotros y a solas con él, ¿en serio me estás diciendo que crees que Dennis es un puto demonio chungo?
  • Nacho no lo cree y no te estoy diciendo que yo crea que Dennis sea un hechicero chungo, pero no sabemos si es el cerebro o el líder o un miembro de la secta o…
  • O nada de nada y el tatuaje y los mensajes de Yago/Yasha en la red el día de nuestro numerito erótico online del C21 es pura coincidencia. –mi tono de voz ha subido un poco porque empiezo a estar cansada de tanta chaladura.
  • Sabes que yo no creo en las casualidades, Cara. –utiliza su tono conciliador porque no quiere que discutamos– y menos en tres seguidas. A lo del tatuaje del pubis y los mensajes súmale el símbolo “Alma Cautiva” que también está en los rituales de la secta del caso Nigromante.
  • Y tú sabes que yo sí que creo en las casualidades, Caro. –aflojo el tono porque yo tampoco quiero discutir– Por eso me encantaría demostrarte que nada de eso tiene que ver con Dennis.
  • ¿Nada dices? Dennis estaba en el sepelio de Antonio dónde le viste a él y al símbolo por primera vez y cuando fuiste al de la madre de Rosa también te lo encontraste.
  • El libro de la madre de Rosa no tiene el símbolo Alma Cautiva lacrado, Alex. Puede que estuviera allí por otro motivo. Como dirías tú pruebas circunstanciales. Yo no correría ningún peligro y podría saber si Yago conoce a ese tal Yasha fácilmente.
  • Me muero si te pierdo, Zohe –sus profundos y expresivos ojos verdes reafirman lo que dice de tal manera que por unos segundos me sorprendo mirándole más allá, calando hondo en algún lugar de mi interior y sintiendo algo inmenso.

Desde que nos adentramos juntos en la oscuridad del C21 y viví con él el momento más íntimo y cómplice de mi vida, confirmé que Alex es la persona más afín a mí del mundo, que nos pertenecemos y reconfirmé que le quiero para siempre presente en mi vida.

  • No tendría el porqué ir sola. Soy socia y puedo llevarte conmigo, Alex –necesito aclararle que en ningún momento le excluiría.
  • Lo has pasado mal sin él ¿eh? –me pregunta poniéndome encima suyo, abrazándome fuerte con una mirada tierna que me dice que le duele haberme pedido algo que me ha hecho daño.
  • Y sin ti –añado porque a pesar de haber hablado con él cada día también le he echado de menos.
  • Lo siento, my princess. Sabes que te quiero ver “the happiest girl in the whole World! –me da un pico de amor incondicional igual que el que yo siento por él– De todos modos ya cortaste con Dennis y ahora sería forzar la situación –se excusa en eso pero, por mucho que diga que me quiere ver la mujer más feliz del mundo, sé que sigue sin hacerle gracia.
  • No habría que forzar nada –aprovecho la ocasión para ponerle más difícil que me siga alejando de Dennis– Nos hemos visto esta mañana en Sancho de Ávila y me ha pedido que vaya al cónclave el miércoles.
  • ¡Nacho y yo no le hemos visto! ¿Qué hacía él en el tanatorio?
  • Creo que buscarme. Pero ¿ves? sigo “vivita y coleando”.
  • ¿Cómo sabía que estarías allí? ¿Qué ha pasado?

Como de costumbre, le cuento con todo lujo de detalles el momentazo vivido con Dennis, incluyendo cómo nos hemos hecho lo del labio y noto que su bragueta se abulta. Al habernos visto juntos y haber participado en uno de nuestros enllites, las imágenes a color que se va montando a medida que sigue mi relato le excitan aún más que cuando se lo contaba antes de conocerle.

  • ¡Madre mía! ¡Estoy cachondo perdido! –exclama con la voz ronca que le sale siempre que está muy excitado.
  • ¡Ya lo noto! –mis risitas y mi pubis, que empieza a presionar y a girar sobre su bragueta, hacen que se muerda el labio y le arrancan una sonrisa viciosilla de lo más graciosa.
  • No juegues con fuego Cara ¡que la cosa está muy mal! –me hace cosquillas para que deje de refregarme contra él.
  • ¿Cuánto hace de tu último polvo? –pregunto entre risas.
  • Desde nuestro trío con Dennis y de eso hace…¡once días! –para de hacerme cosquillas, se lleva una mano a la cabeza, la desliza por encima de esos ojos verdes selváticos que están abiertos como platos y la para en su boca.

Recuerdo cada momento de ese día. Alex y yo empezamos a disfrutarlo como locos antes de vivirlo. Nos pasamos todo el día hasta la cena, incluida la clase de ruso, fantaseando con ello. Es curioso que en nuestra imaginación, como siempre que habíamos hecho tríos juntos, el centro de todo fuera Dennis y al final él resultó ser el detonante, yo el centro y Alex mi descubrimiento. Sin Dennis, sin sus órdenes y sin su innegable heterosexualidad, Alex y yo nunca hubiésemos traspasado esa frontera. Fue la primera vez que Alex y yo nos besamos y la primera que hubo sexo entre nosotros. Miento. No fue solo sexo. Aquella noche fuimos mucho más. Aquella noche ascendimos a otro nivel. Un nivel más profundo que yo creía me podía despojar del puntal de mi vida pero, por fortuna, lo ancló de manera definitiva. Desde aquel día hemos compartido muchas cosas pero no hemos vuelto ni a besarnos siquiera más allá de nuestros deliciosos nuevos picos. Entre ellos dos sentí que el mundo encajaba a la perfección y el ciclo de mi vida estaba completado. Tengo grabado a fuego el aroma que me envolvía, el sabor de sus besos, el sonido de su placer y el tacto de su piel.

Qué pena que esa misma noche fuera también la primera que Dennis pisaba una comisaría, qué alivio que yo durmiera entre los brazos de Alex tras un mar de besos y qué alegría que desayunásemos los tres entre risas y recuerdos compartidos.

Daría cualquier cosa por volver a estar juntos rodeados de esa armonía, pero muy a mi pesar “será flor de un día”.

  • ¡Menos mal que mañana he quedado con Klaus, Cara!
  • ¿El “coletas buenorro”?
  • Sí, la semana pasada me avisó de que volvía a Barna para intentar cerrar el acuerdo de negocios que le trajo aquí la vez anterior y quedamos para cenar.

Recordamos el “momento cocina” que vivimos con Klaus, la mañana siguiente y la invitación a participar en su próximo enllite, pero después de ruso y de tomar un vinito juntos, Alex cenará con él y yo cenaré con Nacho.

Pasamos el resto de la tarde contándonos los planes de la semana, poniéndome al día de las dos últimas clases de ruso y haciendo los deberes para no ir a la clase de mañana más perdida que un payaso en un funeral. Como premio tras el esfuerzo y después de una breve conversación con mi hermana, nos disponemos a ver los dos capítulos que nos faltan de nuestra serie “Polseres Vermelles”. En el primero ya estamos emocionados y con dos pañuelos de papel en la mano, pero antes de que acabe el segundo, el sueño puede conmigo. Medio adormilada, Alex me coge en brazos, me lleva a la cama, me desnuda, me acaricia con mimo, me pone el camisón de “La bella durmiente” personalizado que me regaló y antes de que se vaya, le abrazo obligándole a estirarse a mi lado y me abandono a los brazos de Morfeo apoyada en su pecho.

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2 comentarios en “C21 BCN Nigromante – Capítulo 2

    1. Muchas gracias!!! Haré todo lo que pueda para acabarlo a tiempo y poder organizar la firma del libro impreso para el sábado 21 de noviembre a las 21 horas. Un piquito 😉

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