C21 BCN Alma Cautiva – Capítulo 33

 

A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino solo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas.

Maurice Maeterlinck

Con los ojos de sapo y la nariz como un tomate dejo que Alex me recueste en el sofá y vaya a buscar unos Ibuprofenos que nos ayuden a sentirnos mejor y alivien el dolor de cabeza que nos ha entrado.

Concentrándome en respirar y deseando recuperar el control sobre mi misma para que se me pase el disgusto lo antes posible, me viene un claro recuerdo de la sesión con Berta y el aviso de sus guías:

La rueda gira a la inversa.

La muerte se enrosca a tu alrededor.

Duda del lobo con piel de cordero.

Lo blanco es negro y lo negro es negro.

Tus lágrimas rojas cruzarán el azul

hasta donde está tu puerta

y tras ella tu revelación.

Sigo sin entender qué quiere decir pero sea lo que sea está empezando porque si algo siento en mi interior es que el giro que está tomando todo es el equivocado. No me creo que Dennis pueda ser un asesino ni que forme parte activa de ninguna secta que practique rituales ni siquiera que tenga nada que ver con la muerte de nadie.

Cuando Alex me está dando el medicamento, recibe un whatsapp de Nacho que le pide que vaya a comisaría y él me dice que me concentre en el trabajo hasta que vuelva y juntos pensaremos qué decirle a Dennis.

Más aliviada y sin poder retrasar más el trabajo pendiente empiezo a ponerme al día con los ciento veintiún correos electrónicos, que gracias al bendito copy/paste y a las plantillas que uso, puedo responderlos todos en un tiempo record. Luego continuo con el resto de tareas que Aixa ha tenido la amabilidad de enumerarme en su whatsapp.

Alex regresa a casa y mientras se pone con la comida y su táper para la noche, me dice que los últimos acontecimientos han acelerado su incorporación a la Unidad de Coordinación Internacional y tendrá que despedirse esta misma noche de su trabajo de vigilante. Su intención era cambiar el turno para quedarse en casa y ayudarme a romper con Dennis pero ahora no será posible. Durante la comida discutimos la mejor manera de romper con Dennis o mejor dicho la menos mala. Por supuesto ninguna me parece ni buena ni fácil pero, puestos a escoger, prefiero las que no son cara a cara. Sé que si le tengo delante no voy a dar pie con bola, mi cuerpo me puede traicionar y voy a sufrir lo insufrible. Acabar lo mío con Dennis va tan en contra de lo que quiero, que soy incapaz de dejar nada al azar y tomo nota de todo lo que dice Alex en un papel como si fuera una colegiala.

Como nunca me ha llamado por teléfono, consideramos el envío de un whatsapp o que venga a casa sin avisar como los dos escenarios posibles. Si se presenta, estoy perdida y haré lo que buenamente pueda.

Debo intentar tener la conversación en la calle, mantener a Dennis lo más alejado posible y evitar entrar en contacto con él y con su mirada. El motivo no es del todo mentira porque lo que voy a decirle es en parte verdad. En lo único que sí que voy a mentir es en que deba romper con él precisamente hoy y ahora. Si envía whatsapp, el mensaje será corto, tajante y directo.

Imaginando la respuesta de un controlador nato, orgulloso y reacio al compromiso como Dennis, que tiene lo que quiere, cuando quiere y como quiere, creemos que no insistirá ante una negativa clara, se limitará a no tomárselo a nivel personal e incluso su prepotencia le pedirá dejar la puerta abierta como si no le importara demasiado.

Al acabarnos los cafés, Alex me dice que esta mañana estaba tan nervioso por mí que no ha podido pegar ojo, necesita dormir antes de su último servicio nocturno y me propone echarme un rato en su cama y descansar a su lado mientras duerme. Las malas noticias, la digestión pesada que estoy haciendo y las escasas cinco horas que he dormido me hacen aceptar su propuesta. Me he quedado dormida abrazada a su pecho hasta que el sonido de su alarma nos despierta y Alex se alegra de ver que, después de todo, he podido dormir seis horas más seguidas. A medida que avanza la noche me voy sintiendo algo inquieta hasta que llega la hora en que la fuente de mi tranquilidad tiene que irse y los nervios se apoderan de mí. Se acerca el momento en el que tendré que hacer lo que no quiero y mi cuerpo empieza a quejarse.

Buscando una distracción, abro el whatsapp del grupo “las nenas” y leo los cuarenta y ocho nuevos mensajes sin leer. La descripción de Dennis, que hacen las que vinieron a la exposición, ha revolucionado el gallinero y ha conseguido organizar una reunión para el viernes que viene en casa de La Ninfo. Por norma tardamos meses en poder coordinar nuestras agendas pero al parecer no hay nada como una buena dosis de morbo para flexibilizarlas. ¡Miedo me da organizar nada en viernes!

Los dos últimos han tenido buenísimos momentos pero también fatales consecuencias. Además, no sé si compartir lo vivido con Dennis al poco de haber roto será lo más conveniente para mí.

Pensando si aceptar o posponer ese momento y cómo decirlo, recibo un nuevo whatsapp de Dennis:

“Estás opé?”

El bote que pego en el sofá me ayuda a levantarme para coger el papel con las notas de Alex porque, como imaginaba, no tiene nada que ver lo que le respondería sincera a lo que le tengo que responder ahora.

“No y no lo volveré a estar”

“¿De qué va esto?”

“Tengo que aparcar la limusina, Dennis. Se acabó.”

“Ábreme”

El último mensaje va acompañado del sonido del timbre de la puerta. Miro por la mirilla, le veo con su hombro izquierdo apoyado en la pared, arrebatador en su chaqueta de cuero, con ese look Dennis de “malo malote chulo” pero guapo a más no poder. ¡A la mierda con las distancias, la calle y todo lo demás!

Respiro profundamente antes de abrir la puerta y enfrentarme a él.

–          ¿De verdad estabas despidiéndote de mí por whatsapp? –me pregunta cruzando los brazos.

–          Prefería no verte –le digo sincera saliendo al rellano, apoyándome en el marco de la puerta.

–          ¿Por qué?

–          Pues porque es más difícil decirte que esto se ha acabado, Dennis.

–          Esto se acabará cuando yo diga, preciosa –me contesta prepotente incorporándose y acercándose a mí.

–          No, te equivocas jovencito ego-descontrolado-prepotente-controlador-clarividente-maquinote-desvirgado-pervertido. Ya te dije que siempre soy yo quién busca, escoge, consigue, guía y acaba –vuelvo a decirle la verdad aunque esta vez es la primera que lo acabo sin querer hacerlo.

–          ¿Es por lo de esta mañana? No tienes nada que temer, no tengo nada con la policía ni soy ningún criminal, Zohe.

–          Yo eso ya lo sé, Dennis –le digo mirándole a los ojos, sin temor porque es la verdad, viendo como se acerca más a mí hasta apoyar su frente en la mía.

–          Dime qué pasa, Zohe.

–          Ya te lo he dicho. Lo que pasa es que voy a dejar esta limusina aparcada. No te voy a decir para siempre por eso de “nunca digas nunca” pero… tengo que parar esto y seguir adelante.

–          No sé qué ha cambiado no lo entiendo. Mírame y dime qué está pasando aquí porque me estás volviendo loco.

No quiero mirarle porque si lo hago, estando tan cerca, no sé como reaccionará mi cuerpo. Lamentablemente, Dennis no está dispuesto a ponérmelo fácil, me abraza la cara entre sus manos, clava su mirada como una daga en la mía y con una voz aterciopelada me exige:

–          Qué pasa, mi lady.

–          Tenías razón la primera noche cuando me dijiste que se me cruzarían los cables, afectaría al sexo y lo tendríamos que dejar –le digo pensando en mi primer ataque de celos.

–          ¿Por Jackie y Nathanael? –insiste empezando a jugar con mis labios.

Querría decirle que nadie me ha besado como él, que la que se está volviendo loca soy yo, que su puto beso me ha hecho perder el control de todo y tan solo deseo someternos el uno al otro y que sea solo mío. Querría decirle que me he enamorado de él, que le quiero y no como a mi madre o a mi hermana o a nadie. En parte me miento, porque es mucho más que eso. Querría decirle que me hace sentir que es mi otra mitad, que me hace creer que eso existe, que el puto complementario no es una patraña romántica de los libros de astrología. Porque su puto beso abrió algo en mi interior que no conocía, algo que no sabía que existía y estaba vacío dentro de mí, esperando al creador de la llave, a él, al que me completa. Y mientras siga con él, sentiré lo mismo y seguiré creyéndome mi propia fantasía, porque no es verdad. No existe.

Dennis no es parte de mí, no puede haber abierto nada que no existía, no es mi “One” él es… una limusina. Esa es la verdad y tarde o temprano lo nuestro habría acabado como lo está haciendo ahora, aunque me hubiera gustado que durase un poco más.

–          Para Dennis –le pido antes de perder la conciencia del todo en sus labios y desear un último beso – quiero que pares.

–          No, no quieres –afirma convencido de lo que dice, sin dar tregua a mis labios. – ¿No ves que lo nuestro no puede acabar, ahora? Esto es demasiado bueno para dejarte ir.

–          Pues esto…no es demasiado bueno para mí. No me conformo, la limusina no es suficiente. Tenías razón la primera vez. Ni siguiera yo sabía que, en realidad, sí que soy de “esas” de final de cuento de hadas –le miento segura de que ante la idea del compromiso se dará por vencido.

–          Mientes.

–          No miento –insisto intentando sonar convincente recordando lo que me ha dicho Alex.

–          ¿Estás segura? –insiste mirándome fijamente sin creerse que yo sea de las que se ve con él y nuestros niños jugando en el jardín de nuestra súper casa.

–          Sí, totalmente segura. Sé que tú no eres de esos ni quieres darle ese final a nadie. Y me haré daño si sigo contigo. Así que, por favor, acabemos bien. Ha sido bonito, lo hemos disfrutado pero ahora es cuando nos deseamos lo mejor y nos decimos un hasta siempre.

–          ¿Dónde está la mujer que me violó para decirme adiós? Porque quiero despedirme de ella acabando con esto como se debe acabar. –dice devolviéndome mis palabras con esos ojos que nunca olvidaré, que me encienden con solo encontrar los míos y hacen que todo lo demás no importe – ¡Ven aquí!

Sin ninguna resistencia por mi parte, Dennis me sujeta fuerte la nuca con su mano derecha y con la izquierda empuja mi culo contra su pubis marcándome su erección en el vientre. Más lento que nunca, sus suaves roces suspirados en mi boca me hacen desearle aún más. El sutil deslizamiento de su lengua calmando el ardor de mis labios hincha mi pecho ansioso. Los leves pellizcos con los que continua el delicioso tormento me llevan al frenesí y soy yo la que invade su boca impaciente. ¡Dios! ¡Cómo voy a echar de menos esta locura pasional! El dolor en mis pechos, mi estómago y mi corazón parece decir lo mismo.

Intenso, ardiente pero con una calma aplastante, Dennis sigue besándome profundo y desconcertante mientras nos mete en casa, cierra la puerta y me desnuda. Lo que daría ahora por estar en él y sentir lo que él siente. Saber a dónde le lleva este beso. A mí me lleva a la cabaña de la montaña el día del parapente. A esa inmensa felicidad, libre, volando, admirando el mundo desde arriba, con el aire acariciando mi rostro. Y él detrás de mí, manejando los hilos, mostrándome un mundo de sensaciones y llevándome sana y salva a tierra. Yo eufórica, llena de energía y gimiendo en plena naturaleza. Me lleva a esa conexión tántrica, a la pérdida de conocimiento de su estudio, a la sala de espejos, a la oscuridad, a su suite del C21, a su casa, al baño de la habitación de Nathan y a la suya del Privée.

Mi placer está sus manos, en sus besos, en su calor, en su olor, en su entrega, en su pasión, en su deseo por mí. Mis manos quieren acariciar su cuerpo y van abriéndose camino por todo lo que las separa del contacto con su piel. Sin dejar que le desnude, Dennis se recuesta en la puerta, me gira apoyando mi espalda en su pecho aún vestido y, como en la primera prueba del Privée, me somete con sus manos a su voluntad adueñándose de un orgasmo tras otro.

– ¿Quieres seguir adelante sin esto? –me susurra al oído, bajándose la cremallera, liberando su erección y penetrándome diestro y acertado en mi punto G de una profunda embestida.

A solas con él, con sus brazos rodeándome, sus manos entre mis piernas fustigando mi clítoris, su polla metida hasta el fondo y su pelvis rotando mi universo, soy un ser vencido, poseído, esclavo, seducido y sumiso por un éxtasis único que graba en mi subconsciente que soy irremediablemente suya. Los ecos de su orgasmo exhalando en mi oído, besando mi cuello y mordiendo mi hombro tienen un matiz agridulce. Siento que los orgasmos con Dennis liberan una oxitocina única que me pide más y más y me convierten en una adicta a él. Pero esta adicción química debe acabar porque para él solo cabe este sexo increíble, y este sexo se acabaría de todos modos y también porque mi Alex me lo ha pedido.

Con una clara imagen mental de Alex asustado e inseguro pidiéndome que me aleje de Dennis por mi propia seguridad y para su tranquilidad siento como una lágrima furtiva y traicionera rueda por mi sien y se hunde en mi oreja. Maldigo a Dennis por sus secretos y a Alex por ponerme en esta situación y obligarme a hacer lo último que querría hacer en este momento.

De manera simultanea, siento una presión constante en mi cabeza que me resulta molesta y algo cambia en la energía de Dennis. Costándome la vida separo nuestros cuerpos, me giro y le miro. De repente se crea un largo e incómodo silencio entre nosotros. Le miro fijamente. No sé lo que me quiere decir pero le cuesta.

–          Vayámonos a Aruba los dos solos, follemos hasta hartarnos el uno del otro y cansémonos de estar juntos, Zohe –me susurra en la boca acariciando mi nariz con la suya.

–          Ojalá pudiera, Dennis –le digo cerrando los ojos imaginándome lo que sería huir con él y lo fácil que sería seguir con mi vida habiendo quemado la pasión y el deseo que tenemos el uno por el otro.

–          Me echarás de menos cuando no estés tan satisfecha…lo sabes ¿no? –me dice con una de sus irresistibles y seductoras sonrisas metiéndose bien la camiseta por dentro de los pantalones.

–          Lo sé, pero debo hacerlo –y no le digo que no hace falta estar insatisfecha porque ya le echo de menos.

La rabia que me inunda impide que broten las lágrimas que se están acumulando en el interior de mis ojos y me veo a mí misma haciendo un ejercicio de autocontrol sobrehumano.

–          Y tú también me echarás de menos hasta que dejes que alguna de tus innumerables admiradoras te sorprenda y haga que me olvides.

–          Olvídame tú, si puedes…yo no podré, Zohe –me dice dándome un pico y abriendo la puerta –y dile a Alex que se equivoca –continua antes de cerrar la puerta e irse.

Me siento hundida, vacía y rota por dentro. El cúmulo de lágrimas en el fondo de mis ojos rebosa libre y de nuevo me veo llorando, hundida en una tristeza anclada en alguna parte de mí que no puedo identificar. Sollozo y me permito sacar afuera la pena, la impotencia y la rabia de haber tenido que anticipar la ruptura con Dennis. Ya sabía que llegaría este momento pero no tan pronto. En mi vida no cabe algo tan intenso que me llene de tanta felicidad por mucho tiempo. Lo que no sabía ni había imaginado es que Dennis insistiera en lo nuestro, fuera tan persuasivo y se mostrase abiertamente tan afectado como yo.

Un sonido de notificación en mi móvil me lleva a mirarlo y a leer entre lágrimas. Es un último whatsapp de Dennis pidiéndome que siga siendo socia del C21, dándome la dirección de su apartamento en Nueva York, explicándome dónde tiene escondida una llave en el portal, pasándome la combinación de la alarma de seguridad y diciéndome que puedo disponer de él sin ningún compromiso.

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