C21 BCN Alma Cautiva – Capítulo 30

En un beso, sabrás todo lo que he callado.

Pablo Neruda

Jacqueline, que no ha bebido ni una gota de alcohol y, al igual que Adriano, no ha dejado de observarme en toda la velada, nos confiesa que lleva sin practicar tríos desde que se quedó embarazada y estaba esperando esta noche, para tener a Dennis, como agua de mayo.

Sin poder aguantar más, se levanta de su silla, va hacia Dennis, le agarra por la muñeca, tira de él para que se levante y mirando a su marido le dice que vayamos a la habitación. Dennis me mira buscando mi aprobación pero Nathan se adelanta, me agarra por la muñeca y por la espalda y nos llevan a su habitación.

La primera en entrar en la suite es Jacqueline  quién, arrastrando a Dennis, pasa de largo por la sala de estar, deja abierta la doble puerta corredera separadora y se meten en la habitación. Nosotros, mucho más calmados, entramos en la sala, Nathan me pregunta si quiero beber algo mientras se dirige al mueble bar y empieza a prepararse un güisqui, yo le contesto que tomaré lo mismo que él y me siento en el borde del cómodo sofá, que al igual que el sillón, es mucho más ancho de lo normal. Desde esta posición lo veo todo, la cama más grande que he visto jamás de cuatro metros de largo por cuatro de ancho, la puerta del baño al fondo a la derecha y a Jackie comiéndose a Dennis mientras le desnuda.

Ya me había dicho mi hermana y alguna de mis amigas que el embarazo las tenía cachondas perdidas pero, aún así, lo que veo me parece exagerado.

–          A ver, cuéntame. ¿Cómo alguien como tú viene a parar aquí? –me pregunta dándome el güisqui y sentándose pegado a mí.

–          ¿Qué quieres decir? –le pregunto mirándole a los ojos, para evitar la autodestructiva tentación de mirar hacia el dormitorio, dando un buen sorbo a mi copa.

–          ¡Zohe! Es evidente que todo esto es nuevo para ti –me dice sosteniendo mi mirada, con aire seductor, paseando sus dedos a lo largo de mi espalda.

–          ¿Tanto se me nota? –le confirmo lo que para alguien que desprende tanta experiencia como él es obvio –Supongo que la respuesta a tu pregunta es…Dennis –y sin poder evitarlo miro hacia la habitación, le veo de espaldas y observo como siguen desnudándose envueltos en besos.

No sé por qué me está molestando tanto lo que veo, probablemente lo que más me jode es que no haga ni el gesto de buscar mi mirada como hizo cuando estuvimos con Carla y Aaron.

–          Entiendo lo que él ha visto en ti y voy loco por saborearte y descubrir de lo que eres capaz pero ¿y tú? –vuelve a preguntarme acercándose a mi cuello.

–          ¿Qué está muy bueno y folla aún mejor? –le respondo cerrando los ojos para evitar ponerme furiosa al ver que no existo para Dennis y disfrutar de lo bien que me está besando Nathan.

–          ¿Y si te digo que todo lo que sabe lo aprendió de mí? –me susurra al oído, con lo que consigue despertar mi curiosidad frente a la idea de que lo que dice sea cierto, antes de recorrer mi oreja con su lengua y chuparme el lóbulo de tal forma que mi clítoris responde de inmediato.

La tonta enamorada aprende la lección, se da por vencida y la “femme fatal” toma el control de la situación. Puede que el sexo en grupo sea nuevo para mí pero el sexo es sexo ya sea con dos, seis u ochenta. También es cierto que cuando he tenido pareja o rollo nunca lo he compartido con otra mujer, pero Dennis y yo no somos ni lo uno ni lo otro, ni nos debemos ni nos hemos prometido fidelidad. Ha tardado menos de dos horas en no cumplir lo de follar solo nosotros hasta mi próximo viaje.

Por lo tanto, se acabaron las tonterías, las vergüenzas, los miramientos y la fantasía de que Dennis podía ser un rollo de dos o tres semanas o incluso algo más. Esta noche me voy a concentrar solo en follar con este madurito, que apunta maneras, como si estuviéramos solos, lo voy a disfrutar al máximo y él me recordará el resto su vida.

Segura de mí misma dejo mi copa en la mesa de centro, seductora descruzo mis piernas y con toda la tranquilidad del mundo, metida por completo en mi papel de Mata Hari, le quito la suya de su mano y la dejo junto a la mía.

–          Si eso es cierto, Nathan –le digo con la dosis máxima de vacile, clavando mis ojos en los suyos – ¿qué haces que todavía estoy vestida? –le provoco sentándome a horcajadas encima de él.

Como no podía ser de otra manera, el machito arrogante y seguro de sí mismo reacciona cogiéndome por el culo, levantándose del sofá con mis piernas rodeando sus caderas, llevándome al dormitorio y dejándome en el suelo a un lado de la cama. Un alud de mullidos besos por mi espalda, mis hombros y todo mi cuello, es el preludio del desprendimiento de mi vestido usando solo su boca. Fiel a mis principios, consigo que nos turnemos al desnudarnos y primero empiezo a quitarle la americana comiéndome su boca con amago de besos apasionados sin lengua y pequeños mordiscos que le vuelven loco y le obligan a cogerme la cabeza y a no parar de buscar mi boca hasta conseguir arrancarme un beso completo con lengua. ¡Qué ansioso y apasionado es este hombre por Dios!

Perdido en mi beso logro quitarle la camisa y me congratulo con la fibra y la tonicidad que quedan al descubierto.

–          ¡Jesus! –exclama en inglés – ¡Qué bien besas!

Contagiada por su pasión me resulta imposible no devorar a bocados su espalda, su cuello, su pecho, sus pectorales y sus abdominales alternándolos con besos esponjosos. Haciendo honor a sus palabras, porque es verdad que Nathan iba loco por saborearme, me lo demuestra deshaciéndose de medias, liguero y bragas en un santiamén, tumbándome en la cama y regalándome un baño de besos expertos que me complacen tanto como a él.

–          ¡Dúchame Nathan! –le pido cuando abandona mis pechos para besar mi boca.

Sumido en un rol de dar y demostrar me lleva a la ducha, donde aprovecho para quitarle los pantalones y los boxers que le marcan un culito duro muy apetitoso mientras regula la temperatura del agua.

Me mete en la ducha, se quita los calcetines, entra acorralándome entre sus brazos contra la pared y me exige otro de mis besos que parece le tienen cautivado. Impetuoso me embadurna de espuma y obrando magia con sus diestras manos me proporciona mi primer orgasmo. Orgulloso me aclara, me seca y me lleva a la habitación. Cuando pasamos junto a la cama Dennis se está follando a Jackie haciéndole la cucharita mientras le agita el clítoris. Se produce un cruce de miradas entre Dennis y yo que corto en menos de un segundo. Desconecto de él y de los gemidos de ella y me concentro en lo mío para no salirme de mi papel y que la tonta, dolida y celosa enamorada que sufre aislada y silenciosa dentro de mí, me corte el rollo.

Nathan me acomoda en la otra punta de la cama para continuar con la exhibición de sus artes amatorias masajeándome los pies como un experto fetichista provocando que me estremezca y mi sexo tiemble. ¡Madre mía! ¡Nathanael es otro maquinote sexual! Como dice el dicho: “Dios los cría y ellos se juntan”.

El asalto a mi sexo con el dominio de su lengua en mi clítoris y el de sus dedos en mi vagina, que al igual que con Dennis explota cuando y como Nathan quiere, es algo que a estas alturas ya me esperaba.

–          Wow it was true! You taste delicious[1] –exclama alucinado entre mis piernas mirándome con sus ojos negros con una fina línea marrón. 

Le agarro por la cabeza, le acerco a mi boca, viciosa disfruto de mi propio sabor impregnado en su lengua y cuando lo tengo estirado encima de mí marcando su completa y dura erección en mi vientre, giro hacia la izquierda y me coloco encima de su dura polla aplastándola sobre la estrella de cinco puntas que también tiene tatuada en su pubis.

Con todo lo que me ha dado, lo que ha disfrutado dándomelo y lo que le ha excitado ver y escuchar como yo lo disfrutaba es extraordinario que haya conseguido controlar y reprimir su orgasmo. Debo reconocerle el mérito y me ha quedado claro que Nathanael es un ducho en la materia y domina la técnica a la perfección pero ahora es mi turno. Viendo que es un ansioso pasional y que los ligeros roces, los amagos de besos, los medios mordiscos y las medias caricias le alteran e incitan a querer desesperadamente más y más fuerte, me recreo precisamente en eso.

Atrapado en mi mirada, sus ojos, sus sonoras respiraciones y las contorsiones de su cuerpo me van diciendo las partes de su cuerpo que más sufren con mis sutiles caricias. Mis labios rozando los suyos, mi lengua asomando solo la punta y mis dientes pellizcándolos suave se encadenan hasta que sintiendo una impotencia que le brota por los ojos me aparta su boca. Cuando impongo a sus pezones el mismo castigo su capacidad de aguante es menor. Su nivel de excitación le está ganando la batalla a su capacidad de control y retención de placer. Mis besos descendiendo por su abdomen, siguiendo la línea alba le avisan de que me dirijo a su polla y antes de que llegue ya está contrayendo sus abdominales, sus glúteos y elevando su pelvis. Como imagino no tardará en desear correrse y no quiero perderme sentir su polla dentro de mí, cojo uno de los preservativos que están esparcidos por la cama para tenerlo a mano y empiezo a deslizar mis labios por el tronco y a asomar mi lengua para rodeársela lamiéndola de arriba abajo. La humedad y la gota de líquido preseminal que recojo gustosa me excitan y contraen mi vagina. Los leves roces de mis dientes por el pliegue de su capullo le provocan un gemido que me la vuelve a contraer. Los pequeños mordiscos por el tronco y las suaves caricias por su escroto y los testículos, suben el volumen de sus gemidos y aceleran su pelvis.

Abro el preservativo, oprimo la punta, la presiono entre los labios, sujeto el anillo entre mis dedos, lo acomodo sobre el glande y me entretengo rodeando el pliegue al final del capullo buscando su punto más sensible. Nathan lo tiene en el mismo sitio que Dennis y se estremece de placer cada vez que mi dedo lo agita.

Hago presión con mis labios sobre el anillo del condón y empiezo a desenrollarlo a medida que meto su polla en mi boca hasta donde puedo. Con pequeñas pero intensas succiones en la punta de su glande que cobran intensidad a medida que abro mi boca, poco a poco, acabo de desenrollarle lo que falta del preservativo con las manos. Lo tengo fuera de sí, y sus gemidos van acompañados de un impulso animal que le lanza contra mí, me tumba en la cama y me embiste con fuerza. Disfruto de sus acometidas hasta que me impongo, le giro, le monto a su ritmo, lo ralentizo, le obligo a quedarse quieto y le domino desde mi vagina con fuertes contracciones que le llevan a un brutal orgasmo y a mí con él. Pero lejos de parar, Nathan sigue empalmado, se sienta manteniendo su polla dentro de mí, me tumba de espaldas, sube mi pierna izquierda sujetada por el tobillo y sigue follándome, ahora más relajado, haciendo gala de sinuosos movimientos y rotaciones de su pelvis hasta que ve y siente otro orgasmo que me deja el cuerpo tembloroso como el suyo. ¡Joder! Nunca había conocido a un hombre multiorgásmico y en menos de dos semanas me he enllitado con dos.

–          Oh my fucking God! –exclama mirando al techo, tirándose de espaldas quedando espatarrado junto a mí en la cama, apoyando su mano en mi cabeza – ¡qué lástima que no la conocieras para nuestra noche de bodas, bro! –le dice a Dennis que está en la otra punta de la cama observándonos con ojos libidinosos, abrazado a Jackie que se ha quedado dormida – ¡realmente eres una divinidad! –me dice besándome encantado con mi boca.

–          ¡Ya te lo dije, bro! Es una diosa del sexo –dice Dennis, separándose de Jackie con cuidado de no despertarla.

Dennis se acerca a nosotros y se estira junto a mí mientras Nathan y yo recuperamos el aliento. Sin mirarle noto como apoya su pierna encima de la mía y con su mano empieza a acariciar mis pechos.

–          Además de insaciable –continúa diciéndole a Nathan acercándose peligrosamente a mi boca.

–          Wow! ¡Ya veo lo que has visto en él, Diosa! –exclama Nathan sorprendido al ver que mis pechos reaccionan ante Dennis como no lo han hecho con él poniéndose duros como piedras y aumentando cinco tonos el marrón de mis aureolas.

–          ¡Te equivocas, Dennis! –le digo sin mirarle alejando mi boca –Por esta noche he tenido ya bastante.

Lo más natural posible, acabo levantándome de la cama, sonrío a Nathan, recojo mi ropa del suelo y me voy al baño.

No he acabado de colgar mi vestido y el resto de mis cosas antes de darme una ducha rápida, cuando Dennis entra por la puerta.

–          ¿Qué te pasa? –me pregunta meloso abrazándome por detrás, apoyando su cabeza en mi hombro e inhalando con fuerza.

–          Nada –le contesto separando sus manos, zafándome de él y yendo a los mandos de la ducha para abrir el agua.

Dennis va tras de mí y me da la vuelta antes de que pueda girar los mandos.

–          ¡Qué pasa, Zohe! –me pide confundido buscando mis ojos.

–          Nada. Ya te lo he dicho. Por hoy he tenido bastante –le respondo sin poder decirle toda la verdad, mirándole de soslayo viéndome incapaz de enfrentar su mirada y empezando a regular el agua.

–          ¡Zohe! Dime ahora mismo qué te pasa –me exige, cogiéndome por la cara hasta clavar sus ojos en los míos con tanta fuerza que duele.

No me puedo inventar nada que justifique mi actitud, sin confesarle lo que me pasa pero tengo claro que no se lo voy a decir. No existe ningún otro motivo por el que pudiera sentirme así en una noche como está. Sé que es absurdo estar enfadada, sentirme dolida y sufrir un ataque de celos en este momento y con esta persona pero… ¡es lo que hay! Porque cuando quieres a alguien temes perderle, cuando temes perder te vuelves inseguro y la inseguridad es el azúcar de los celos. Imágenes mentales de Dennis con Jackie desnudándose, besándose y follando como si yo no estuviese me matan.

–          Ya veo por donde va esto. ¿Son celos? ¿Estás celosa de Jackie? –me pregunta sorprendido.

Todo y que me ha pillado desprevenida su capacidad de deducción me esfuerzo por salir lo más airosa posible.

–          No digas tonterías. ¿Por qué podría sentir celos por alguien que no es mío? –pero sé que mis ojos le han confirmado que está en lo cierto.

Vuelvo a escapar de él y me meto en la ducha para ver si el agua consigue quitarme esa horrible sensación.

–          Ven aquí, preciosa –me dice dulce metiéndose en la ducha, abrazándome y oprimiendo mi cabeza en su pecho –te quise buscar cien veces pero eras tú la que no estabas por mí.

Su boca buscando la mía, la encuentra y me arranca un beso que empieza enfadado, continúa dolido, sigue atormentado, prosigue tortuoso, se transforma en necesitado, cambia a aliviado, evoluciona a tierno, luego a entregado para acabar deseoso y apasionado. ¡Le quiero! ¡Le quiero con todo lo que tengo!

No sé quién de los dos le tiene más ganas al otro. Viciosa le beso, le como y le muerdo la barbilla y nos ponemos a follar como locos. Él me besa, me come y me muerde las tetas y yo hago lo propio en su cuello. Estamos desatados, como poseídos por una necesidad de fornicar, abusar y engullir al otro. Nos arrancamos unos orgasmos exclusivos como demostrando que solo nosotros podemos darnos un placer de semejante magnitud ¡Nuestra química es única!

Cuando salimos del baño, nuestras caras son el día y la noche en comparación con las que lucíamos cuando hemos entrado.

Nathan tiene abrazada a Jackie durmiendo sobre su pecho y mantiene una mano abierta apoyada en su barriguita.

–          ¿Ya os vais tortolitos? –nos pregunta Nathan con una sonrisa satisfecha y divertida.

–          Sí. Mañana os despierto y pasamos el fin de semana en casa de Sergey –le contesta Dennis con una linda sonrisa mientras recoge su ropa del suelo y se viste de cualquier manera.

–          No sé si Jackie aguantará a tu padre y a todos los demás todo un fin de semana.

–          No te preocupes, nos llevaremos otro coche y podrá escaparse cuando quiera, pero tú tienes que estar.

–          ¿Vas a ir con Zohe?

–          ¿Te vienes? –me pregunta ilusionado echándose la chaqueta por encima.

–          ¡OH no! ¡Sí hombre! ¡No, no, no! ¡Tengo mucho trabajo! –me acerco a Nathan, le doy un pico y me voy atónita hacia la puerta.

¿Me acaba de preguntar si me iba a pasar el fin de semana con él y ¡con su padre!? ¡Vamos, esto es el colmo! ¿No llegué a conocer a los padres de Nacho que decía que quería casarse conmigo y voy a conocer al padre del que solamente quiere sexo? ¡Paradoja!

–          ¡Otra vez será, bro! See you tomorrow –le dice Dennis que le ve mañana estrechando sus manos de un modo muy particular y saliendo conmigo al pasillo.

Dennis me propone que durmamos juntos en la habitación a la que nos dirigimos donde alguien ha dejado nuestros abrigos y subido nuestras maletas. Mientras se quita la ropa, intento explicarle que puedo pedir un taxi que me lleve a casa porque es tarde, estoy agotada, voy a necesitar todo el fin de semana para recuperar la falta de hoy y despertarme temprano para ponerme al día cuanto antes, después de mis casi dos semanas sabáticas. Pero él con solo una mirada de por-favor-deseo-dormir-contigo-esta-noche- ya consigue lo quiere de mí y, agotadísimos, no tardamos ni cinco minutos en dormirnos abrazados.

 

[1] ¡Guau era verdad! Sabes deliciosa en Inglés

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