C21 BCN Alma Cautiva – Capítulo 26

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–          Buenos días, mi lady –Dennis me está sujetando las manos, me besa por toda la cara y por donde puede cada vez que intento girarme a un lado y al otro para seguir durmiendo.

–          Mmm es pronto –mantengo los ojos cerrados sin saber qué hora es pero a juzgar por mis ganas de seguir durmiendo creo que debe de ser temprano.

–          ¡Vamos perezosa! –me insiste antes de soltarme y levantarse.

Oigo como va a mi vestidor y veo que regresa con una maleta de fin de semana que coloca abierta al lado de mi cómoda.

–          ¿Qué te ha pasado en el pómulo? –le pregunto fijándome que tiene el pómulo izquierdo ligeramente rosado.

–          ¡El fruto del dulce despertar de mi lady! –me dice volviendo a mi lado dándome un beso y regresando a mi cómoda.

–          ¡Ups! ¡Perdona! Tendría que haberte avisado –me disculpo recordando mi instinto defensivo –Pero así aprenderás otro de los peligros de dormir juntos.

–          No empieces otra vez, madurita-vacilona-mentirosa-compulsiva-dominante-perspicaz-maquinote-peligrosa y ¡levántate! –sin duda  prefiero su despertar follador del martes que su despertar mandón.

Como si lo supiera de toda la vida, abre el primer cajón donde tengo mi ropa interior, lo toca todo y coge las bragas de uno de mis conjuntos favoritos de caza.

–          ¡Ayyy! ¿y por qué tanta prisa? –me quejo haciendo la remolona y observando como se mueve por mi habitación como Pedro por su casa – ¡si todavía no hemos desayunado!

Saltándose el segundo cajón sin ni siquiera abrirlo. Abre el tercero donde guardo las medias y de nuevo, tras tocarlo todo, coge un liguero y unas medias y lo coloca todo en una esquina de la cama.

–          Porque tenemos reconocimiento médico y tienes que estar en ayunas. Luego comeremos todo lo que quieras.

A su propio ritmo, va a mi vestidor y otra vez, como si fuese el acto más normal del mundo, oigo como lo toca todo y escoge uno de mis vestidos largos de noche, de los que me reservo para las grandes ocasiones de gala, que está sin estrenar porque de lo descocado que es no he visto el momento oportuno para lucirlo, unos zapatos de tacón altos a juego y lo pone todo con cuidado junto al resto de cosas.

–          ¡No contarás con que de buena mañana voy a salir a la calle para ir al médico vestida con lo que hay encima de la cama! – le digo con el tono más suave del que soy capaz en vista de lo que me parece un acto tan machista como escoger la ropa que me tengo que poner.

–          No. Esto nos lo llevamos para la noche –me dice juguetón volviendo a mi vestidor para regresar a la cama con unos tejanos oscuros, un suéter de manga larga y cuello de barco y mi cazadora de cuero negra – Esto es más cómodo para pasar el día –abre el primer cajón, escoge un cómodo conjunto de sujetador y tanga de la Unno, abre el segundo y saca unos calcetines – ¿no te parece?

Su tono, su sonrisa, sus hoyitos, su expresión y su mirada son tan irresistibles y cariñosos que no puedo más que devolverle la sonrisa y sentirme la mujer más feliz del mundo. No es una imposición, ni un acto de “machito autoritario”, es una invitación a jugar y vestirme para vivir juntos algo que le apetece mucho.

–          Está bien, jovencito ego-descontrolado-prepotente-controlador-clarividente-maquinote-desvirgado ¿Me vas a decir el plan para hoy?

–          Primero médico, luego te llevaré a comer,  después pasaremos por mi casa y nos iremos a un evento en el C21 Privée.

–          ¿Un evento de etiqueta en el otro local?

–          Sí, allí solo entran los miembros del cónclave y se va de etiqueta. Te va a encantar, preciosa –viene a la cama para besarme y sacarme de ella aprovechando mi aturdimiento por sus besos.

En diez minutos, estamos en su coche de camino a la clínica. Como no me ha dejado ducharme y tampoco me ha dejado hacer pis, solo he tenido que asearme, ponerme lo que me ha dejado encima de la cama, peinarme, recogerme el pelo con mi palito mágico mientras él me hacía la maleta y ¡listo! No he podido ni hablar con Alex que dormía como un tronco.

La clínica está en la Avenida Tibidabo, es espectacular, tiene de todo y el personal es el más encantador con el que he tratado nunca. El reconocimiento es tan completo que tardamos más de dos horas en salir de allí. Siendo la primera vez, me han tenido que dar de alta, me han dado el impresionante listado de centros médicos para miembros del C21 en el mundo, me han hecho la historia clínica, análisis de sangre, de orina, ginecológicos, pruebas de esfuerzo, de vista, de oído, electro…vamos algo exagerado pero que acepto de buen grado porque soy de las de “más vale prevenir que curar”.

El zumo de naranja natural y el bollito que me han dado después del análisis de sangre no solo no me han quitado el hambre sino que me ha abierto el apetito. Además, eran las once cuando hemos salido de casa y ahora son la una y media o lo que es lo mismo la hora de comer. Antes de salir me preguntan si quiero que los resultados de los análisis de orina y de sangre me los envíen por e-mail o por correo postal y les contesto que mejor por e-mail. Como voy a tener que viajar a Nueva York y no sé el tiempo que estaré allí será más cómodo consultarlo desde mi móvil.

Siguiendo con el plan, vamos por la montaña y me lleva a comer a una masía especializada en “cuina catalana” que huele a leña, incluso medio kilómetro antes de llegar al parking.

¡Cómo se nota que me va conociendo! Qué detallista es mi Dennis! –dice mi yo castigador. – ¿TU Dennis? Más te vale no pensar en esos términos –dice mi yo protector.

En el coche ha sacado el tema de mi primer evento en el extranjero y hemos empezado a hablar de Nueva York y lo mucho que nos gusta esa ciudad. Ya “entaulados” en la masía, donde nos ponemos las botas comiendo escalibada, cargols a la llauna y una crema catalana casera realmente deliciosos, me sorprende descubrir que la primera vez que fui a NY hace dos años a visitar a mi hermana, él estaba allí coincidiendo con un evento en el C21 que tienen allí y la segunda vez que fui a conocer a mi sobrina también había ido para ser el padrino de bodas de su mejor amigo. En las mismas fechas pero en días o a horas distintas, los dos paseábamos por Central Park, tomábamos una cerveza en Brian Park y una copa en el Red Lyon del Village que resulta ser nuestro pub musical favorito. Por un momento me siento como la protagonista de una de esas historias románticas en las que la fortuna juega con los protagonistas a su antojo, siendo víctimas de sus caprichos, llevando vidas paralelas sin saberlo y a merced de lo que les tiene reservado el destino.

Los sitios de los que puedo hablar, comparado con los que puede hablar Dennis, son muy limitados. Él estuvo viviendo de pequeño, tiene allí a su mejor amigo Nathanael y visita la ciudad mínimo dos veces al año. Me habla de un sinfín de sitios a los que suele ir, los cuales obviamente no conozco y de algunos de los que solo he oído hablar pero que siempre he querido visitar. Eufórico ante la idea de hacer de guía, Dennis me pide que le prometa que le dejaré enseñármelos algún día.

Me siento rara. Ayer y hoy está yendo todo tan bien y soy tan feliz que mi mayor temor se ha puesto en estado de alerta uno. A lo largo de mi vida he aprendido muchas cosas pero la lección más rotunda de todas es que “después de la dicha viene la miseria” y no una miseria cualquiera. Cada vez que he vivido un momento de felicidad le ha seguido una desgracia inversamente proporcional o incluso más fuerte. ¡Es como si el universo intentase balancear la ecuación de mi vida pero lo negativo acabase desbalanceándola a su favor!

Con nuestros estómagos a reventar y tras haber felicitado a la cocinera, quién resulta ser una catalana de setenta años, llena de una energía que ya la quisiera yo para mí, llamada Montserrat – “en honor a la verge” –como ella misma nos ha dicho, volvemos al coche.

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