C21 BCN Alma Cautiva – Capítulo 10

Dennis se ha esmerado en los preparativos. Un montón de velas repartidas por todo el salón, algunas en preciosos candelabros, barritas de humeante incienso, una música que parece específica para este tipo de sexo, un cuenco con aceite de masaje en un lateral de la alfombra del salón, un mullido cojín en otro, el frutero con pedazos de fruta en otro, una enorme pluma roja y él, escultural y perfecto, en el centro de la alfombra con su pelo recogido parecido a una coleta-moño, sentado sobre sus pies con las rodillas separadas, paseando sus ojos por mi cuerpo haciéndome un escáner hasta acabar clavados en los míos. 

–          Ven conmigo, preciosa.

Me sitúo frente a él, copio su postura con mis rodillas juntas en el hueco entre las suyas, anclo mis ojos en los suyos y le presto mis seis sentidos.

–          Ahora vamos a disfrutar el uno del otro sin prisas. No te preocupes, ni pienses en nada que no sea en lo que estés sintiendo. No hay obligación de llegar a ningún sitio ni presión alguna por conseguir nada. Si llegamos a perder la noción del tiempo, – “cosa más que probable, al menos por mi parte, por lo ansiosa que suelo ser” – he puesto una alarma para que nos avise a tiempo para volver a Barcelona. Así que no hay absolutamente nada de lo que preocuparse. ¿Estás conmigo?

–          Estamos juntos en esto Dennis.

–          ¡Joder! ¡Cómo me gusta como suena mi nombre cuando tú lo pronuncias…dime qué no estoy loco por intentar esto!

–          No estás loco por intentar esto, Dennis – le digo entre risas, lo que consigue relajarme un poco – Y tengo muchas ganas de experimentar esto contigo.

–          Bien – dice respirando profundo y demostrándome que él también lucha consigo mismo – Ahora, empezaré yo tomando la iniciativa para darte algunas pautas pero, cuando estemos más relajados, dejaremos que fluya, ¿de acuerdo?

–           Me parece perfecto – no sé si realmente está loco, ¿sexo con Dennis y relajación? Como consecuencia vale, pero durante, ¡antagonismo!

–          Coloca las palmas de tus manos sobre las mías y respira conmigo. Cuando yo exhale tú inhalas y viceversa – tras varias respiraciones profundas, noto la energía que desprendemos y como se comunican entre ellas.

Sin perder el contacto visual, coloca una de sus manos en el centro de mi pecho y una mía encima de la suya, mi otra mano encima del centro de su pecho y la suya encima de la mía y respiramos el uno del otro. El ritmo de sus latidos palpita en mi mano. Sus pupilas se han ido dilatando y sus ojos son negros con un mínimo aro azul precioso en el exterior del iris. Podría estar más de 3 horas tan solo observando sus ojos y perdiéndome en ellos. Esto cada vez me está resultando más fácil y placentero. Me coge las manos las apoya en mis muslos y coloca las suyas a ambos lados de mi cabeza haciéndome sentir su calor en las sienes mientras seguimos respirando y observándonos. Cada vez mi cuerpo está más relajado y mi postura es menos rígida. Me coge la cabeza, juntamos nuestras frentes y apoyamos la punta de nuestras narices. Nuestras respiraciones siguen al mismo ritmo, intercalado, pero me asalta un deseo de besarle que soy capaz de controlar. Sé que en el momento en que nos besemos, perderemos el control. Como si a Dennis le sucediera lo mismo, coloca su mejilla contra la mía y apoya su sien contra mi sien separando nuestras bocas. Así es mucho más fácil no caer en la tentación. Sus manos empiezan a deslizarse por mis brazos y por mi espalda con un ligero roce de la punta de sus dedos. Mis manos hacen lo mismo por su cuerpo y me concentro en su respiración para mantener su ritmo.

Despacio, Dennis cambia de posición y se coloca detrás de mí, pasando sus manos a una corta distancia por mi espalda hasta mi cabeza y bajando hasta la parte lumbar, luego por los laterales dibujando un círculo a mi alrededor. A pesar de que sus manos no entran en contacto directo con mi cuerpo, las siento acariciando mi campo energético en todo su recorrido. Nunca había sentido nada igual con un amante. Otra primera vez con Dennis. Y otra vez que supera mis expectativas. Es curioso que este nuevo mundo de sensaciones tan placenteras no me ponga en el disparadero. Al contrario me aporta una reconfortante sensación de paz, de conexión con él y con el momento. Poco a poco, va acercando sus manos a mi cuerpo y el contacto se vuelve más físico pero sigo relajada manteniendo el control. Cuando se para en mi frente y presiona esa parte siento como todo mi rostro se relaja aún más. No había notado que tenía tanta tensión acumulada en la cara. Me acaricia hombros, parte superior del pecho, dibuja equis en mis clavículas y tira de mí hacia atrás, diciéndome que me siente, estire las piernas para tenderme en el suelo y pone el cojín bajo mi cabeza.

Pasea sus manos por mi campo energético de cabeza a caderas dibujando ochos hasta que se detiene en mi cabeza.

–          Este es el séptimo chakra, “Sahasara”. El nivel del alma o Centro de Conciencia Cósmica. Relacionado con la sabiduría, la espiritualidad y la inspiración, piensa en el color violeta – las palmas de sus manos están en mi coronilla.

Pienso en el color violeta y siento su energía abriéndose paso desde mi coronilla hasta mis pies al tiempo que me asalta la certeza de que estoy dónde debo estar y con quién debo estar.

–          Este es el sexto “Ajna“, clarividencia e intelecto, su color es el índigo, como un azul oscuro – sus manos están ahora en mi frente presionando el entrecejo.

El calor que desprenden sus manos me reconforta sobremanera hasta que una imagen mental muy nítida de mí misma con los ojos llenos de lágrimas me sobrecoge.

–          Este el quinto “Vishuddha” comunicación e intercomunicación, su color es azul cielo  – dice rodeando mi garganta con sus manos.

Cuando la imagen anterior se desvanece  y consigo mantener el color azul cielo en mi mente, me siento más que aliviada y recupero la conexión con su energía.

–          El cuarto “Anahata” corazón puro, amor y compasión, su elemento el aire, color verde  – sus palmas cargando el centro de mi pecho.

Ahora, el cambio al verde y el calor de sus manos en esa zona de mi cuerpo, lejos de encenderme como cabría esperar a juzgar por su reacción desde que conocí a Dennis, me equilibra y reconforta.

–          El tercer chakra “Manipura” digestión y centro de poder, su elemento el fuego, y el color amarillo – presionando el plexo solar.

En este punto, noto como si un pequeño nudo estuviera tenso y tomo conciencia que de todavía tengo algo pendiente que digerir en mi vida. ¡Vaya! Es cierto que estos puntos energéticos abren y comunican canales que van más allá de lo corporal.

–          El chakra número dos “Swadhisthana” creatividad, reproducción y sexualidad, el agua, su color el naranja – sus palmas se posan bajo mi ombligo frente al sacro.

¡Uy, uy, uy! Este acercamiento peligroso me obliga a repetirme un mantra que me saco de la manga “Zohe, el calor que te atraviesa lo tienes controlado, el calor que te atraviesa lo tienes controlado”.

–          Y el primer chakra “Muladhara” o la raíz, relacionado con la supervivencia, la fuerza y la toma de tierra, la tierra es su elemento y el rojo como color – sus palmas en mi pubis, apoyadas en mi sexo.

De nuevo, y agarrándome a mi nuevo mantra como a un clavo ardiendo, consigo convencerme de que lo que siento principalmente es conexión y equilibrio. Dennis sustituye el cojín por sus muslos, me coge por las axilas y sus fuertes brazos me elevan hasta apoyarme en su pecho manteniéndome recostada, la cabeza en su pecho, mi tronco en sus muslos, con un brazo rodeándome los hombros y con la otra mano sujetándome la frente. Su cabeza apoyada en la mía y su respiración resonando en mi oído derecho. ¡Dios! ¡Qué paz, qué tranquilidad y qué sensación de bienestar más conmovedora!

Dennis empieza a mecerse de un lado a otro, acunándome, manteniéndome en la misma posición y yo vuelvo a sentir que estoy dónde debo estar y con quién me corresponde. ¡Vaya con los preliminares del sexo tántrico! ¡Menudo descubrimiento! El aquí y ahora, solos tú y yo, funciona de maravilla. ¡Así también podría permanecer durante horas!

Sus caricias en la frente y el resto de mi cara son dulces hasta la saciedad. Se para, incorpora mi cuerpo hasta dejarme sentada, oigo como se desplaza hasta el sofá y vuelve para vendarme los ojos con un pañuelo de seda rojo. ¡Ups! ¡Este elemento no lo había visto yo!  Me lleva hacia delante, apoya mi cabeza en el cojín, dejándome estirada de espaldas y empieza un más que placentero masaje capilar. La completa relajación se hace evidente en lo pausada, profunda y sonora que es mi respiración. Se coloca a mi izquierda y empieza a deslizar la pluma por todo mi cuerpo una y otra vez. Su suave y delicado tacto despierta todo mi cuerpo sin provocarme cosquillas en ningún momento. Después de la pluma, se unta las manos con aceite, que puedo oler por encima del incienso a medida que se acerca a mi cuerpo, me embadurna por completo y empieza a volcar parte de su peso con la mano abierta primero en la base de mi cuello, luego entre los omoplatos, el centro de la cintura, la lumbar, el coxis, los dos glúteos al mismo tiempo, en medio de mis femorales, en las rodillas, en los gemelos, en los tobillos y en las plantas de los pies. Si a estas alturas, quedase un ápice de tensión en mi cuerpo, en este momento, ha desaparecido por completo. El anverso y reverso de sus manos empieza a subir y bajar desde los pies a la cabeza como suaves brochazos, donde sus dedos son finísimas hebras que pintan mi cuerpo. El suave masaje en mis pies, sin olvidarse de ningún dedo, lo siento como si me lo estuviera dando por dentro.

El campo energético de Dennis, o mi percepción de él, ha ganado mucho a lo largo de la sesión, hasta tal punto que podría jurar que sé lo que va a hacer antes de que lo haga, como si la dirección que quiere tomar me la comunicase antes de llevarla a cabo. Por este motivo, no me sorprende cuando empieza a deslizar su cuerpo sobre el mío cargándonos de la energía del otro y devolviéndola en un perfecto intercambio consciente. De manera espontánea me coloco de lado, Dennis se tumba a mi lado y me libera del pañuelo para volver a conectar nuestras miradas. No sé si a él le sucede lo mismo que a mí pero, cuando yo le miro, le reconozco, le veo presente, de algún modo siento… plenitud. Una unión ya consumada de manera inconsciente que ahora se manifiesta consciente. No sé de dónde coño sale todo esto pero es lo que siento y no le voy a dar vueltas.

Me incorporo, le giro para que sea él el que ahora se quede estirado boca abajo, le vendo los ojos y le devuelvo todo lo que él me ha dado sin omitir ni un solo paso. Es un placer ver como se le pone la piel de gallina por donde le paso la pluma. Me quito mi palito mágico del pelo y lo paseo por todo su cuerpo y lo acompaño con mi pelo suelto a modo de cortina. ¡Dios! Cuánto había deseado acariciarle y hacerle un masaje sin prisas, tomándome todo el tiempo del mundo y conociendo cada poro de su piel. Y eso hago. Cuando ya podría hacer un molde de su cuerpo sin tenerlo delante, también me nace masajearle con todo mi cuerpo, convirtiéndome en un pulpo donde pies, rodillas, pechos, codos y hombros son tentáculos rodeando el escultural cuerpo de Dennis. Le retiro el pañuelo, estirada por completo encima de su cuerpo con mi cabeza apoyada en la suya y mi nariz en su oreja. Mi pecho está apoyado en su espalda conectando corazón con corazón, mis piernas abiertas, mis rodillas a ambos lados de sus caderas y mi sexo apoyado en sus glúteos. Empiezo a rotar la pelvis en círculos para combinarlos con elevaciones verticales de mis abdominales a un ritmo que me permita disfrutar sin lanzarme al vacío. Los dos seguimos con la respiración sincronizada. Estoy tan orgullosa de mi autocontrol que me siento preparada para la primera penetración. Me hago a un lado y le indico a Dennis que se dé la vuelta. Me coloco encima. Le acaricio los pectorales, los brazos, el abdomen y las caderas recreándome en el perfilado de sus abdominales, de sus serratos y sus psoas al tiempo que me ensarto su polla, grande y dura, deleitándome de cada centímetro hasta que la penetración es total. Por un momento solo nos miramos y respiramos fuerte hasta poder hacer pequeños movimientos con las manos, él en mis muslos y yo en sus abdominales y en sus brazos. El placer comienza a ser demasiado intenso y decido liberarnos para seguir con la especie de magia que nos rodea y ganar algo más de tiempo. Dennis se queda sentado mientras yo voy a por la fruta.

Regreso, me siento encima de sus muslos, le rodeo con mis piernas, manteniendo una distancia prudencial con su pene y coloco el frutero junto a nosotros. La mirada y la sonrisa que compartimos lo dice todo. Sé que comer de su boca es la mejor manera de saborear cualquier alimento, pero el beso acabaría con todo esto. Cojo un trozo de fresa, lo coloco en mi barbilla y Dennis lo coge con la boca dejando un rastro de saliva. Él coge un trozo de plátano, lo coloca en su hueco clavicular y lo cojo con la boca, recreándome con la lengua y mordiendo sus clavículas. Uno de kivi en mi pecho, uno de naranja en su pecho, uno de manzana en mi ombligo, uno de fresa en el suyo, uno de plátano justo encima de mi pubis, uno de kivi en el suyo. A medida que vamos cogiendo trozos de fruta nos vamos estirando hacia atrás para abarcar todo nuestro cuerpo ganando libertad y amplitud de movimiento. Dejándonos llevar por la música, empezamos a abrazarnos y a balancearnos haciendo que las exhalaciones suenen como gemidos. Nos acariciamos los brazos y los movemos como si fueran ramas de árbol que se rozan movidas por viento. Me coloco a su espalda, me estiro en el suelo, arrastrándolo conmigo, dejando que su nuca descanse en mi pubis, le subo sus brazos y apoyo sus manos en mis pechos. Doblo mis rodillas, junto las plantas de mis pies y los deslizo juntos desde su barbilla hasta su ombligo. Nos mantenemos en esta posición, hasta que sus manos buscan mis pies y los acaricia. Luego coge mis tobillos, los rodean, separa mis piernas y las acaricia mientras las abre y mueve su cabeza peligrosamente. Recupero el control cerrándolas y presionando fuerte su cabeza impidiendo el movimiento sobre la zona de peligro. Con mucha delicadeza se incorpora, se da la vuelta, coloca su nariz frente a la mía, y nos damos un beso sin llegar a tocar los labios, congelado a medio camino. Otra de esas miradas que lo dicen todo vuelve a dibujar esa sonrisa cómplice en nuestros rostros. Ambos sabemos que no nos podemos dejar llevar. El beso que los dos deseamos desencadenaría lo que, todavía, pretendemos seguir demorando.

Volvemos a sentarnos frente a frente, nuestras palmas se juntan, nuestros dedos se cruzan para ir hacia arriba, separarse, bajar acariciándonos la cabeza, la cara, el cuello, la cintura y volver a unirse para, sujetos por nuestras manos, estirarnos hacia atrás todo lo que nos permiten nuestros brazos formando una uve. Cuando nos juntamos de nuevo, Dennis me empuja apoyando mi espalda en el suelo y me acaricia el tronco por delante con ambas manos pasando por encima de mis pechos. ¡Dios! ¡Estoy muy cerca de perder la calma! Me incorporo y le empujo hacia el suelo acariciando su tronco de la misma manera pasando por encima de sus pectorales y también de su erección en el camino de vuelta. Más suave de lo que me esperaba, Dennis me eleva por la cintura, me acerca a su pene y volvemos a unirnos en una lenta penetración acompañada con leves movimientos de nuestras pelvis. ¡Dios, cómo se mueve! Ambos sabemos que esta vez no vamos a poder separarnos ni podremos evitar abandonarnos al orgasmo. Nuestra mirada es tan clara, sincera y profunda que será inevitable. Los giros, los roces, los besos por toda la piel, las caricias y los embistes son los más sutiles que hemos experimentado de todos nuestros encuentros pero también los más intensos. Estamos haciendo lo imposible para alargar este momento de máxima dilación y entrega. Un último esfuerzo hace que le empuje hacia el suelo dejándolo estirado con su espalda en el suelo y le junte la piernas. Doblo mis rodillas, apoyo la planta de mis pies en la alfombra, basculo mis dos piernas hacia mi derecha y empiezo a girar, sobre mi propio eje, sintiendo como cambia la posición del pene dentro de mi vagina hasta que me quedo invertida dándole la espalda, apoyada sobre mis manos en sus caderas. Me tiro un poco hacia delante, cambiando el ángulo de penetración y subo y bajo con mucho cuidado para mantenerle dentro en todo momento. Nuestras respiraciones siguen coordinadas pero ambos subimos el tono de nuestros jadeos. El nivel de excitación está llegando a zona de peligro y no quiero que me coja por sorpresa sin antes perderme en sus ojos.

Sigo girando sobre mí misma hasta acabar, de nuevo, sentada frente a Dennis que se incorpora para hacer maravillas en mis pechos.

–          Solos tú y yo – susurra en mi oreja, pellizcando mis pezones para rematarme con un beso de los que te lanza al espacio y nos funde en un sublime e infinito orgasmo que compartimos y me transporta en comunión a otra dimensión.

Una dimensión de placer de la que ninguno de los dos quiere salir y mantenemos hasta que una alarma nos devuelve al planeta tierra, a Occidente, a Cataluña, al Pallars y a lo que será, como mínimo para mí, mi vértice de placer espiritual en la montaña.

–          No quiero salir de ti, Zohe.

–          Y yo no quiero que salgas, Dennis.

Ni él ni yo hemos sufrido fuertes espasmos, ni sacudidas, ni temblores como en otras ocasiones. Estamos de lado, él a mi espalda dentro de mí acariciando mi pecho y mi abdomen, yo rodeándole con una pierna y acariciando su cráneo, abandonados a un vaivén pélvico constante, pausado y vicioso imposible de detener.

–          No me puedo creer que hayan pasado cuatro horas – le confieso sorprendida y algo triste.

–          Lo sé, preciosa.

–          ¿Ha sido tan especial para ti como para mí? – ¡No! ¿He dicho yo eso? Dios, por favor que se haya quedado dentro de mi cabeza y no se me haya escapado por la boca.

–          Ponte de frente, Zohe. Quiero verte.

Para mantener la penetración, me coge por las caderas, me tumba encima de él y me ayuda con sus manos a elevar mi espalda quedando sentada de espaldas a él. Vuelvo a pasar mis dos piernas a un lado y giro sobre mi eje hasta quedar de cara a él, dejar una pierna a cada lado de su cuerpo, manteniéndole en mi interior. Tengo la sensibilidad repartida por todo el cuerpo y es mi insaciable punto G el que está asimilando todo y evitando que mi explosivo clítoris reaccione bruscamente. Dennis se incorpora, dobla sus rodillas para que me sirvan de respaldo y seguimos basculando nuestras pelvis.

–          Si has llegado a conectar con mi energía y mi placer hasta el punto de sentirlo como el tuyo propio, entonces ha sido igual de especial para los dos – me confiesa orgulloso con esa sonrisa que me parte en dos, al ver lo roja que me he puesto por habérselo preguntado.

–          Sí, Dennis. Yo también lo he sentido a ese nivel – y lo he sobrepasado pero eso no se lo diré.

–          Nunca había conectado tanto con nadie.

–          Pues ya somos dos.

–          He programado otra alarma que nos permite llegar a Barcelona a la misma hora pero con un medio de transporte más rápido que el coche.

–          Debes de tener tu sexto chakra, el de la clarividencia, muy desarrollado.

–          En este caso, más bien, se trata del segundo, el de la creatividad y la sexualidad o del primero el de la supervivencia.

–          ¿Cuánto tiempo ganamos?

–          Podemos quedarnos dos horas más aquí.

–          ¡Mmm me gusta la idea! ¿Y cómo iremos?

–          En helicóptero.

–          ¡Guau! ¡Dennis! –me muerdo la lengua para no hacer comparaciones pero mi cara creo que me ha delatado.

–          El helicóptero no es mío y no lo pilotaré yo, Zohe. –me dice girando los ojos y elevando su pelvis en un golpe seco picando en el punto exacto para cerrarme los ojos de modo reflejo.

–          ¡Cierto! Solo bromeaba…además, ¡tú follas mejor! –sus movimientos de cadera, pelvis y glúteos no han sido descritos en ningún libro que yo haya leído.

–          Sí, ya te lo dije…y todavía no lo has probado todo conmigo – vuelve a clavar su polla con una embestida corta tocando de lleno mi punto G.

–          Oye, jovencito ego-descontrolado –prepotente-controlador, déjame dos horas más con el encantador “solos tú y yo”. ¿Vale?

Un súper beso es el preludio de otra sesión de sexo que tiene sus momentos suaves a lo tántrico, que admite repentinos y breves ataques de pasión que suelen acabar con un orgasmo mío, de Dennis o de los dos y que ha ganado un intenso, vicioso y gratificante olor a sexo, fuertes gemidos, gruñidos y lenguaje delicioso a la par que indecente. El último orgasmo nos deja agotados, sudorosos y necesitados de darnos una ducha. Dennis me coge en brazos y vamos al baño de la suite. Él se encarga de mi cuerpo y yo del suyo.

–          ¿Crees que nos cansaremos algún día?

–          ¡Joder, no! ¡Espero que no! Nos hemos juntado el hambre con las ganas de comer. Yo siempre tengo hambre y tú comes como nadie, ¡preciosa!

La segunda alarma suena y todavía estamos aclarándonos el pelo. Dennis da un respingo, sale de la ducha sin aclararse, dejando un rastro de agua y jabón tras de sí, oigo como para la alarma y luego habla con alguien por teléfono. Al poco, regresa a la ducha.

–          Tenemos quince minutos antes de que vengan a buscarnos.

Nos aclaramos, nos secamos el cuerpo, Dennis va a por otro secador, nos secamos el pelo lo suficiente para no coger un resfriado y acabamos de vestirnos cuando el ruido de hélices nos avisa de la llegada de nuestro transporte.

–          ¿Te gusta esquiar?

–          ¡No tengo ni idea!

–          Mientes.

–          No miento. Lo mío es el trineo o mejor aún la bolsa de plástico.

–          ¿En serio? Pues, un fin de semana que tengas libre, vendremos aquí, te enseñaré a esquiar y te follaré en la nieve.

–          No apostaría por ello… ¡te follaré yo a ti!

–          ¡Hombre! Pero si es la madurita vacilona-mentirosa compulsiva-dominante-perspicaz. Creía que se había quedado dentro de la provincia de Barcelona. –creo que ha hecho especial énfasis en perspicaz para recordarme que no lo he dicho clarividente. Yo no tengo tan buena memoria como él.

Salimos de la cabaña hacia la mitad de la explanada, donde nos espera el helicóptero en marcha y Dennis me baja la cabeza cuando nos acercamos a las hélices. Nunca he entendido por qué siempre bajan la cabeza si las hélices están muy por encima de la cabeza, pero por si acaso me agacho, no sea que me equivoque con las medidas y acabe decapitada. Vamos a la puerta lateral donde nos espera un hombre que nos ayuda a subir primero nuestras cosas y luego a nosotros.

–          Bona tarda Jordi. Et presento la Zohe! Zohe ell és el Jordi, el millor pilot del Pallars – Jordi y yo intercambiamos una sonrisa y nos damos la mano- tranquil, jo m’encarrego de tot aquí darrera[1].

Dennis se encarga de ajustar nuestros cinturones, ponernos unos cascos con auriculares y micrófono y sintonizarlos.

–          ¿Me oyes bien, madurita vacilona-mentirosa compulsiva-dominante-perspicaz?

–          ¡Sí! – abro los ojos haciendo un gesto con mi cabeza hacia el piloto, quien tiene que estar alucinando con nosotros y nuestra serie de adjetivos en estos momentos.

–          Tranquila, nosotros utilizamos el canal dos. – me guiña un ojo, toca el lateral de sus cascos, veo como mueve los labios pero sin escuchar lo que dice, Jordi sube el pulgar de su mano izquierda y empezamos a ascender.

–          Y ¿tu coche? Y ¿el 4×4?

–          Se encargarán de traérmelo a Barna y el 4×4 lo dejarán en el cobertizo.

Mis ojos giran sobre si mismos al ver lo pijo y controlador que suena eso pero antes de que pueda decir nada Dennis se me adelanta.

–          Sí, Zohe soy muy controlador y tengo el justo poder económico que necesito. Hablando de control y poder. Me dijiste que el sábado lo tenías libre… ¿vendrás conmigo esta noche cuando acabes lo que sea que tengas que hacer?

–          A lo mejor se me hace tarde – le miento vilmente porque me encanta hacerme la desinteresada justo cuando él se muestra tan interesado.

–          No importa la hora. ¡Te esperaré!

¡Será cabrón! Menudo estratega está hecho, dándole carnaza a la dominatrix que hay en mí que disfruta como una perra cuando le ve sumiso. Y lo peor de todo es que ha funcionado. He mordido el anzuelo como una trucha ante una caña parabólica armada con una mosca exótica en manos de un pescador experto.

–          Toma – me dice entregándome un trozo papel escrito que ha arrancado de un bloc del piloto – no quiero que se te olvide la dirección.

–          Lo tuyo son las notitas ¿eh?

–          Yo voy ahora y te estaré esperando. Y aunque se te haga de día, seguiré esperándote.

Un viernes por la noche, un guapo guapísimo, dios del sexo, aventurero y con dinero ¡esperándome a mí! ¡Y durante horas! Mi ego ya usa ocho tallas más de ropa que yo.

–          ¿Tienes algo pensado?

–          Sí. Tengo muchas cosas que hacer contigo – vuelve a mostrarme la mirada seductora peligrosa que empezó todo esto.

–          Y ¿qué quieres hacer?

–          Ven, trae el CD “займёмся любовью y lo sabrás – me remata con su sonrisa de vas-a-disfrutar-como-una-perra que me vuelve loca.

Cuando nos acercamos a Barcelona y la veo desde el aire, tan cerca y con tanto detalle, mi boca parece la entrada del túnel del Cadí. Es preciosa se mire por donde se mire. Dennis me observa satisfecho al ver mi asombro y admiración ante las magníficas vistas de la ciudad a la que adoro.

–          Te gusta Barcelona ¿eh?

–          ¡La adoro! ¿No te parece la mejor ciudad del mundo?

–          ¿Has vivido en alguna otra ciudad?

–          No y no creo que pudiese, ni siquiera en Nueva York o París, aunque no me importaría volver y pasar una temporada. –entre otras cosas porque me sabe mal no disfrutar de mi hermana y mis sobrinos –         ¿Y tú?

–          Nací en Venecia y de pequeño viví en un montón de ciudades. Mi padre es un reputado y reclamado médico forense. Fue muy precoz y los cambios de domicilio eran el pan de cada día: Moscú, Londres, Copenhague, Nueva York, Washington, París hasta que, por fin, ya hace 14 años llegamos aquí y yo me instalé en Barcelona definitivamente.

–          ¡Guau! Y ¿cuál es tu favorita?

–          ¡Ufff, qué difícil! Todas tienen su encanto y algo que ofrecerte pero hoy por hoy, no me veo viviendo en otra ciudad.

–          ¡Pues volvemos a ser dos!

El helicóptero nos deja en el helipuerto del “Por Vell”. A pesar de que Dennis ha insistido en acompañarme a casa en taxi, he preferido volver sola para repasar y procesar la cantidad de emociones nuevas que he vivido hoy. ¡Menuda mierda de decisión! No he tardado ni cinco minutos en arrepentirme.

Mi cuerpo ha comenzado a echarle de menos desde el momento en el que se ha subido solo al taxi. Tengo el tiempo justo para ir a casa, dejar la mochila, ponerme algo de ropa más formal, con bolso a juego, y coger un taxi para llegar puntual a mi cita. Espero distraerme lo suficiente y controlar mi creciente ansiedad hasta volver a estar con Dennis.

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[1] Tranquilo, yo me encargo de todo aquí atrás.

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